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LOS VALORES ...
... EN LAS INSTITUCIONES PÚBLICAS
Por: Angel Bravo
LPodemos entender a los valores como las normas que buscan orientar el comportamiento humano con convicción de respeto hacia los demás y que estas pautas traducidas en temas, como: honestidad, responsabilidad, humildad, justicia, tolerancia, respeto, laboriosidad, generosidad, solidaridad, bondad y creatividad, sean los referentes de nuestra conducta y nuestro aporte a una transformación social y realización personal.

Todos estos conceptos tan necesarios de practicar para compartir la vida en sociedad, se transforman en solo poemas y buenos deseos cuando nos acercamos a realizar una gestión en cualquier institución pública. Solo es recordar y analizar algunos de estos valores en el comportamiento cotidiano de las personas que trabajan ocupando cargos públicos:

Honestidad: Los escándalos sobre deshonestidad comprobada en el sector público es siempre noticia y ahora un tema de actualidad: ventas de terrenos a valores ridículos, decisiones políticas a favor de empresas corruptas, malversación de fondos, aprovechamiento ilícito de dinero del Estado, actos de corrupción que comprometen desde Presidentes de la República y Ministros hasta funcionarios del último nivel.

Responsabilidad: Dicen que la responsabilidad garantiza el cumplimiento de los compromisos adquiridos y genera confianza y tranquilidad en las personas. Todos en alguna oportunidad, hemos tramitado un expediente en una dependencia del Estado ¿ hemos notado acaso alguna vez interés por resolver nuestro problema? ¿ se ha cumplido con los plazos de entrega establecidos? ¿ un empleado público será consciente de las consecuencias para nosotros de lo que hace o deja de hacer con nuestro expediente?

Humildad: No creo que exageremos al afirmar que la prepotencia es el denominador común en la atención al ciudadano común. Un empleado público se siente un ser superior, con el poder de decisión en sus manos y por lo general maltrata y humilla. El hacer regresar varias veces para realizar alguna gestión es el común denominador y el detalle representativo de la soberbia de la administración publica.

Justicia: Para un empleado público son sus normas y dispositivos internos, los que establecen si nuestra gestión es correcta, su percepción personal no es la de aquel que tiene que respetar y hacer valer el derecho de las personas. Al parecer, consideran un éxito personal el rechazar un expediente por cualquier razón.

Tolerancia: El común de las personas no conoce en detalle las gestiones y los documentos necesarios para cumplir un trámite, para un empleado público esto es una demostración de ignorancia y por tanto, el ciudadano es merecedor de poco respeto.

Creatividad: Esta es una norma de comportamiento o facultad negada para el empleado público, jamás podrían dar soluciones para facilitar nuestra gestión, piensan y razonan en función de las normas públicas, ninguno quiere hacer mejor las cosas y proponer cambios, la rutina los ha ganado y no es posible esperar que piensen en alternativas para facilitar las tramitaciones del ciudadano. Es trágica la pérdida de creatividad en profesionales que ingresan a trabajar para el Estado: abogados, ingenieros, arquitectos, médicos y otras especialidades, todos ellos cuando ingresan a la administración pública, adquieren en poco tiempo una deformación profesional, dejan de ser creativos que es la esencia de su formación y se convierten en esclavos de la profusa legislación pública, sea esta institucional o nacional; la norma lo dice, la instrucción lo manda, la ley lo exige, lo que pienso no sirve, no soluciono problemas, solamente los traslado. Existe notoria diferencia con la empresa privada, en donde el jefe fácilmente puede decir: ¡No traigan problemas, traigan soluciones!, en la empresa pública siempre se dice ¡no inventes nada, solo sigue los dispositivos, normas, leyes y decretos!

Podemos continuar revisando todos los conceptos o las pautas que definen a los valores : respeto, laboriosidad, generosidad, solidaridad, bondad y muy difícilmente los encontraremos vigentes en las empresas del Estado. Los valores son indudablemente sentencias éticas, porque el objetivo de la ética es el desarrollo de normas y valores universales y el seguimiento de sus principios valoran moralmente a personas, situaciones, cosas o acciones. Con gran pesar entonces, tendremos que concluir que en términos generales, la ética está demasiado relegada en la administración pública de nuestro país.
 
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