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Integración Regional
SUDAMERICANA
Por: Ing. Serafim Carvalho Melo
La reflexión sobre el Proceso de Integración de América del Sur, pasa por la necesidad de establecer un nuevo paradigma de desarrollo económico y social para la región. La diversidad y el antagonismo de sus ambientes naturales, constituyen el principal factor de complementariedad y de las riquezas en ella encontradas. Sus economías no se desarrollan de una manera integrada y sostenible de forma de reducir los problemas inherentes a la pobreza, el desempleo y la exclusión social, a pesar del gran potencial de recursos naturales existentes, renovables o no, en la inmensa región. Los desequilibrios regionales y el distanciamiento relativo con las economías del primer mundo y algunas del propio continente, a pesar de las reformas fiscales y de apertura de mercados, continúan siendo un parámetro marcado de las economías sudamericanas, principalmente en el Brasil.

En realidad, algo no está funcionando, nos resta analizar cuáles son las causas de este retroceso en la vida de los países. Varios estudiosos apuntan para diversas causas: la vulnerabilidad externa debido a la excesiva dependencia de commodities naturales de alta volatilidad. Por ejemplo, los granos en el Brasil, los minerales metálicos en Bolivia y Perú y el aprovechamiento inadecuado de los recursos naturales, en razón del bajo nivel de desarrollo y de valor agregado en las cadenas productivas locales y regionales, de insuficiencia de ahorro interno lo que genera dependencia de financiamiento extranjero, llevando al país a buscar desesperadamente dinero externo y por regla general, recurrir al FMI cuya negociación es unilateral y reducida a un número de empresas consolidadas y competitivas a escala de nivel global, asimetrías internacionales que limitan el acceso a mercados y debilitan el poder de negociación de la región.
Integracion sudamericana - Revista Parque Industrial - ADEPIA
Desarrollar la integración sudamericana en sus varias dimensiones, se constituye en un imperativo de orden económico, social, cultural y político, a través del incremento del comercio inter-regional, así como el apoyo al comercio extra-regional; producción y consolidación de negocios en el nivel regional, mediante fusiones y asociaciones estratégicas de empresas; coordinación y convergencia económica; creación de instituciones volcadas para la construcción de una política de desarrollo regional priorizando la infraestructura de transportes y una logística sudamericana de articulación en el continente, teniendo como base estratégica los Ejes de Integración Regional y el desarrollo de la iniciativa IIRSA.

Mas allá de las dificultades anotadas de naturaleza estructural, que han impedido la consolidación de la Integración Regional, existen aún aquellas de carácter cultural, pues históricamente, los pueblos sudamericanos siempre estuvieron de espaldas unos para los otros, o por lo menos indiferentes a la integración regional. Además, todos los proyectos de desarrollo regional, inclusive la producción industrial en la región, no tomaron en cuenta esa apertura económica en la velocidad en que ella se realiza. Pensar en un nuevo Parque Industrial en el continente, capaz de apalancar la competitividad y la capacidad de innovación de las estructuras productivas de esta región, tomando en cuenta las materias primas producidas en la misma y las nuevas demandas por nuevos productos para sus pueblos, es un gran desafío del momento, que si fuese materializado, se podría constituir sin duda en un importante factor de consolidación del comercio inter-regional, de la integración regional y del bienestar social de los sufridos pueblos sudamericanos.

El Brasil particularmente, es el que de los países sudamericanos, tiene menos cultura de Comercio Exterior, aunque sea un Global Trade y la mayor economía del continente, debería revisar su política externa en lo que se refiere al sector comercial, teniendo en cuenta, la perspectiva del comercio intra-regional sudamericano, practicado por las micros, pequeñas y medianas empresas de las regiones fronterizas. Aunque el país haga frontera con la mayoría de países sudamericanos, el comercio entre ellos, se da principalmente a partir de los puertos de la costa atlántica y también por tierra principalmente con la Argentina, donde las conexiones terrestres entre Sao Paulo y Buenos Aires son muy utilizadas en el transporte de productos industrializados.

La integración sudamericana, o la consolidación de la integración de los bloques económicos Mercosur y Comunidad Andina, debe ser precedida por la integración física del centro oeste sudamericano, sobre la pena de correrse el riesgo que la integración se consolide por las costas marítimas del continente, o igualmente si es por tierra, a partir del sur-sudeste de Brasil vía Buenos Aires, Santiago y Lima, imponiéndose así, un aislamiento a escala continental a esta grande y rica región, al igual de lo que hasta ahora ha ocurrido.

Por ello, se reviste de gran importancia, tanto la apertura de mercados con la costa del Pacífico sudamericano y con los países asiáticos, a partir del extremo oeste de Brasil, como la necesidad de fortalecimiento de la inserción internacional y la estrategia ya en proceso de operatividad de la iniciativa IIRSA.

Como aspectos desfavorables que deben ser minimizados, aparece principalmente el bajo nivel de integración social, que impide la difusión de la “cultura de integración” y las dificultades de los sistemas operacionales de travesía de los puntos de frontera entre los países de la región.

En este sentido, urge la creación de una política de desarrollo y cooperación fronteriza, por encima de la visión tradicional de frontera como línea de separación y se consolide el concepto moderno de frontera como área de integración, de logística, de creación de mercados Inter-regionales y de desarrollo económico social; lo que significa, una área dinámica, de transito libre pára personas, bienes de consumo y valores.

El gran desafío del nuevo paradigma para esta integración, parte de la dificultad de fijarlo como objetivo permanente por la falta de una base cultural, pasando por la deficiente infraestructura física disponible, entendida como transportes, energía y comunicación a ser concebida e implantada. En este contexto, se puede evaluar la complejidad del desafío de la integración regional, respaldada por objetivos comunes, que contribuyan efectivamente para la estructuración de proyectos nacionales y ganancias recíprocas en términos de economía de escala y proyección política en la dinámica global.

Los procesos de globalización, favorecen la emergencia de los poderes locales que obligan a los Estados Nacionales a transformarse e intentar descubrir otra concepción de la propia soberanía.

La integración regional no es un modismo, es una necesidad. Más allá que un proceso de integración económica, es la reparación de un equívoco histórico cometido contra los países sudamericanos, al imponerles un crecimiento aislado de espaldas unos para otros. A la par de la integración física y económica, habrá que promover también la integración social, cultural y política, con reducción de las desigualdades sociales y de los vacíos demográficos en las zonas fronterizas, a fin que los pueblos que en ellas habitan, tengan libre acceso a sus recursos naturales y puedan transformarlos en fuentes permanentes de renta de forma sustentada, para su bienestar, con justicia social y pleno ejercicio de la ciudadanía.
 
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