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Descentralización - Presupuesto Público - Desarrollo Regional
Por: Juan Carlos Eguren Neuenschwander
La génesis de la centralización del Perú data de la época colonial, el virreinato organizó el territorio y la sociedad peruana, a partir de Lima; pero es en la época republicana, en la que se agudiza el centralismo económico, político y administrativo, en el eje Lima-Callao. En las primeras décadas del Siglo XX, el poeta y ensayista Abraham Valdelomar, resumía con gran lucidez, la magnitud del centralismo en la siguiente frase: “El Perú es Lima, Lima es el Jirón de la Unión, el jirón de la Unión es el Palais Concert”; lo escalofriante de esa metáfora es que las provincias habían sido abandonadas y estaban fuera de los avances de esa época. Todo eso, a pesar que la gran mayoría de los textos constitucionales, señalaban que el Estado peruano debía organizarse descentralizadamente, pero eso fue obviado o desnaturalizado por los gobernantes.

La lucha por la descentralización

Desde el interior del país, en todas las épocas, surgieron voces que pedían el inicio del proceso de descentralización, inclusive algunos llegaron al extremo de solicitar autonomías plenas o “independencia”. En la mayoría de los casos, se atribuía que el subdesarrollo regional y local, se debía exclusivamente al hiper-centralismo limeño y todas sus propuestas des-centralistas, se basan meramente en la descentralización política.

Sin embargo, desde los primeros años del presente siglo, todos esos argumentos han ido perdiendo peso. Hoy, por el contrario, el destino de las regiones, depende en gran medida de las estrategias diseñadas por las mismas regiones, de su capacidad de potenciar su infraestructura y de sus recursos humanos, y especialmente de su capacidad para atraer inversiones. Ello, no es incompatible con la profundización del proceso de descentralización que retroalimenta el desarrollo regional.

El inicio del proceso de descentralización y su entorno

Con la caída del gobierno autoritario de Fujimori, se abrió la posibilidad de avanzar en el proceso de descentralización del Perú. Los Gobiernos Regionales se instalaron en el año 2003, y han venido recibiendo sucesivamente de modo incremental, sus competencias, en el marco de la división de responsabilidades entre los niveles de gobierno. Es así que, hoy el Perú vive un proceso de descentralización, que no se puede negar, si bien no ha ocurrido en la velocidad deseada, si se han venido dando avances. A eso se agrega el importante incremento de recursos financieros para los gobiernos sub-nacionales, especialmente por el aumento sostenido vía canon minero y gasífero, que vienen permitiendo la ejecución de importantes proyectos de inversión en agua, electrificación, salud, educación y otros, de escala regional y local.

El presupuesto público y la descentralización fiscal.

Un importante avance en el proceso de descentralización fiscal, se dio en el presupuesto público para gastos de inversión. En efecto, durante el periodo 2004 a 2009, los recursos para inversiones de los gobiernos regionales subieron en 592% y en los gobiernos locales en 462%, en gran medida, por un importante aumento del canon y la bonanza económica, que el país disfrutó en los últimos años. Durante el 2009, las tres cuartas partes de la inversión pública, fueron ejecutadas por los gobiernos locales y regionales.

En general, esos sustanciales incrementos en el presupuesto de inversiones del sector público, han jugado un papel trascendental en el crecimiento económico del Perú y sus regiones, y también como instrumento anticíclico, durante la última crisis financiera internacional, amortiguando sus efectos negativos.
Centralismo Peru - Revista Parque Industrial - ADEPIA
Distribución presupuestal en millones de soles
La descentralización productiva y el desarrollo regional.

Un aspecto preocupante es la concentración productiva del Perú. El eje Lima y Callao, es responsable del 47% del PBI y el 60% de la producción manufacturera, y acoge al 34% de la población. Si bien la descentralización fiscal es muy importante, más importante aún, es la descentralización productiva. El verdadero reto de las regiones, no está en la descentralización del presupuesto público (descentralización fiscal), sino en la descentralización productiva, porque ésta última es la que genera empleos.

La pregunta es entonces: ¿Cómo descentralizar productivamente el país?. La respuesta tiene varias aristas, pero existe consenso en el sentido que la tasa de crecimiento de la producción de las Regiones, debe ser mayor que su similar de la capital, cosa que ha estado ocurriendo ya en algunos casos aislados. En otros términos, hoy más que nunca, las regiones tienen que plantearse como objetivo prioritario su crecimiento económico, que puede crear más empleos y mejorar la calidad de vida de su población. Entonces la pregunta es: ¿de qué depende el crecimiento económico sostenido de una región? Y la respuesta es: prioritariamente de la inversión productiva. El vínculo entre inversión y crecimiento, es muy conocido e intuitivo; por ejemplo, una empresa para aumentar su producción, primero debe invertir; si la empresa no invierte, muere. Este vínculo, es también válido para los países, regiones o ciudades.

La inversión privada es la clave para asegurar el desarrollo regional

Todo lo anterior, sugiere que las regiones deben hacer todos los esfuerzos para aumentar sus niveles de inversión, en sus dos formas: inversión del gobierno e inversión del sector privado. El gobierno (central, regional y local) potenciando su infraestructura y los servicios básicos. El sector privado, en aspectos productivos. Pero, para que el sector privado incremente su inversión se debe generar un “clima” propicio, en materia de seguridad jurídica, respeto a la propiedad privada, derechos de autor, estabilidad de la “reglas de juego”, social, político y de infraestructura de soporte. Un aspecto, importante a tomar en cuenta son los resultados de diversos estudios de organismos internacionales, que llegaron a la conclusión que si bien es muy importante la inversión pública, ésta no asegura per se, un crecimiento económico sostenible. La inversión pública (especialmente en infraestructura), debe ser complementaria a la inversión privada. La inversión privada es en realidad, de acuerdo a la experiencia internacional, el verdadero motor del desarrollo. De modo, que si un país, una región o una ciudad requiere crecer y desarrollarse, tiene que crear condiciones para atraer mayor inversión privada.

Mirando hacia adelante

Hoy, el proceso de globalización, el descubrimiento de nuevas potencialidades en materia de recursos naturales, los acuerdos comerciales, la integración fronteriza y la valoración de la biodiversidad, han creado condiciones excepcionales para consolidar el proceso de descentralización y el desarrollo regional del Perú. No por algo, como nunca antes, hoy se hablan de grandes inversiones en las regiones, en proyectos: interoceánicos, petroquímicos, mineros, irrigaciones, gasíferos, energéticos y otros, estos no están ubicados en la capital, sino en las regiones. En Arequipa, por ejemplo se tiene que superar todos los obstáculos que hoy dificultan la ejecución de inversiones públicas, privadas y de acuerdo público-privado. No es posible, que tengamos “embalsados”, importantes proyectos como: Planta de Tratamiento de Agua Potable, Planta de Tratamiento de Aguas Servidas, Puente Chilina, Majes-Siguas II, Fábrica de Cemento Otorongo, Tía María, entre otros, que de ejecutarse, podrían permitir aprovechar las nuevas oportunidades que ofrece el entorno, a la vez contribuir a consolidar a Arequipa, como la segunda ciudad, después de Lima, que hoy está en riesgo, pues existen otras regiones que están acortando las distancias.

Asimismo, para llevar a cabo los proceso de promoción y atracción de inversiones, por ejemplo a Arequipa y la Macro Región Sur, se requerirá que las autoridades regionales y locales (que se elegirán en octubre próximo) estén dotadas de visión de futuro, altamente calificadas, que sepan “marketear” a la región en los mercados nacionales e internacionales, que tengan liderazgo, que se aboquen a emprender misiones empresariales al exterior, a promover la incorporación de tecnologías, entre otras acciones. De no ser así, se estará desperdiciando otra oportunidad para iniciar el despegue económico del sur del país, y probablemente condenados al atraso.
 
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